jueves 5 de febrero de 2009

La infame fábula del papagayo mutante

Las calles se llenaban de calor, húmedad y cosas desagradables. Yo consumía libros que me consumían, me entristecían, me llenaban de verdades de este continente loco. El sur. Hablan del sur como algo inferior. Debajo siempre en los mapas inventados, explotado por la multinacionales (que están en todos lados y en ninguno, que gastan lo que roban en sus naciones) y mutilado por el sentido patriótico de cada país. Todos afirman "soy" y nadie se acuerda del "eres". Y con ello, nadie se pone de acuerdo.

Acabé un poema de Borges sobre la ciudad de Buenos Aires. Lo leí despacio, pues Nietzsche decía que había que leer como la vaca masticaba: rumiando las palabras. Lo leí porque en unos días la Supernova comenzará a parpadear como las estrellas que van muriendo. El punto geoestratégico del parpadeo será la ciudad de Buenos Aires, precisamente. Y quizás también lo leí, porque en casa del poeta solo me entran ganas de leer. Las paredes son blancas, hay un patio luminoso decorado con helechos y un silencio acogedor en medio de este pueblo grande que es Salta.

Me voy en un día y medio. Mañana no, que tengo todas las cosas tiradas, esparcidas por el suelo viejo de la casa. Pero mi próximo micro-objetivo es un reto personal. Encontrar a una persona. Me dirijo a la búsqueda y captura de Guillaume Berger, también conocido como Donati. Es escritor y fue muchas cosas: revolucionario, periodista, político, drogadicto, músico... Le prometí en Cochabamba que iría a verle.

¿Qué tiene este tipo? Se dedica a combatir junto con los mineros del norte de Argentina la invasión despótica de las empresas chilenas. Él dice que "lucha". Y yo le creo. Aunque también iré a ayudarlo un poco, pues me dijo que cultivar tomates "no es tan fácil como parece". Así que este loco de la vida, se dará a la vida de agricultor. Quizás uno o dos días, pero cumpliendo siempre las manías que anoté al comienzo del viaje. Todas tachadas. O casi todas.

De los aproximadamente 30 micro-objetivos que me propuse solo me quedan cuatro (por orden cronológico):

1. Encontrar a Donati en el puto culo del mundo. El pueblo polvoriento y árido de San Carlos.
2. Tomar una copa de vino mientras contemplo el Aconcagua. Ya la montaña parece una copa al revés y espero que yo, al revés por causa del vino, le pueda susurrar unas palabras.
3. Apostar al 16 negro en Montevideo. Marc, si sale, te juro que te invito al mejor whisky que você experimentou na sua vida.
4. Chasquear los dedos tres veces a la llegada a Sao Paulo. Bitelchús! Bitelchús! Bitelchús! Tengo que pensar el ritmo, pues debe haber una mezcla de fantasmagoria con tristeza en mi cara y tal vez una entrecortada música jazzística de fondo.

Aunque queda un mes, los días son más cortos. Es como cuando estás en el desierto. Si uno piensa una distancia, hay que multiplicarla por diez. Se pierde el sentido del espacio. Y con el tiempo pasa lo contrario. Si me quedan veinte días, entonces serán diez.

Por último, y para aquellos valientes que hayan leído todo, les contaré una fábula:

La infame fábula del papagayo mutante

Un buen día, el papagayo se miró al espejo. "¡Qué feo soy, enjaulado en esta jaula, comiendo siempre la misma basura de frutos secos, hablando siempre las mismas palabras!". Su dueño presumía mucho del loro delante de sus amigos. "¡Miren qué plumaje, qué inteligencia! Lo traje directito de una selva tropical... Mmmm... No recuerdo el nombre".

Le obligaba cada día a practicar una serie de ejercicios vocales: "A-E-I-O-U". Primero las vocales y después el alfabeto entero. Así que, mientras más palabras aprendía, más pensamientos guardaba. Con este ritmo, poco a poco llegó a su psique la palabra "libertad", después de palabras como "nación", "embudo" o "cerveza".

Acción y reacción. Con la patita abrió la palabra "puerta". Con la misma patita, empujó la palabra "puerta". Con ambas patitas salió dando saltitos y voló.

Al ver la jaula vacía, su dueño estalló en un arrebato de ira: "¡Puto loro de mierda! ¡Pagué por ti media vida, hijo de la gran puta! ¡Ya verás cuando te coja!"

Desatado de obligaciones, el papagayo volaba por ahí, cortando el cielo raso, las nubes, casi olvidando la vida anterior. No sabe de dónde vino, pero cuando otros pájaros le preguntaban de qué especie era, él repondía: "un canario".

Sin embargo, amigos, algunas cosas están condenadas a repetirse eternamente. El papagayo mutante, admirado por sus plumas y colores, fue capturado. Otro dueño, con cazamariposas, lo alojó en otra jaula. Tal fue la tristeza, que el bicho olvidó todo lo que había aprendido. Nombre nuevo, nación nueva, niños nuevos. Un asco. "A-E-I-O-U", "Culo", "Caca", "Pedo", "Pis", le enseñaban los niños.

Los papagayos no lloran, pero se pueden quedar ciegos. Y éste lo hizo. Al final, solo escuchaba afuera de la jaula una sola palabra. Se la decían las hormiguitas con sus pasos enanos; los perros sueltos y callejeros con sus ladridos y las mariposas con su aleteo. Una palabra vieja como las arrugas de la montaña. La palabra que en sí misma guarda la libertad.


*Les extraño más que al jamón serrano. Y eso ya es difícil.

Abrazos

2 comentarios:

Mireia López dijo...

Cuando te vea te voy a odiar, vas a estar tan lejos... Pero no puedo esperar a que ese momento llegue, tengo tantas ganas de odiarte... Un beso enorme papagayo, aunque estoy segura de que tú nunca te quedarás ciego.

Gonzalo dijo...

No puede hablar de ceguera un hombre que con 22 años está viendo tanto. Yo creo que el final de la fábula debería hablar de un canario que se escapó de los barrotes debido a su delgadez, que los pelos de la barba se le engancharon pero tiro y tiro hasta hacerse sangre para poder volar. Yo también te extraño Fer aunque sigo tus aventuras con detenimiento. Es envidia lo que siento por no poder estar viviendo lo que vosotros y alegría por que me lo podais contar.

PD: Se te nota que llevas mucho tiempo embriagándote del sentimiento latino, deborando sus libros y mezclándote con el ambiente, te estás volviendo tan sentimentaloide y fuerte como los habitantes de la pampa. Un abrazo, canarión.